Izquierda castro-chavista ejecuta su guion en Colombia

Múltiples hechos violentos, destrozos de bienes privados y públicos, incendios y ataques a la fuerza pública y 3 muertes en un día. La izquierda parece haber sembrado en Colombia la semilla que ya plantó en octubre en Ecuador y Chile.

El jueves, la nación neogranadina vivió una jornada de protesta en la que un grupo de ciudadanos reclamaba derechos legítimos, pero que fue cubierta por la sombra del guion castro-chavista (el mismo castro-comunista) que quiere implantarse en ese territorio, tal cual en algún momento controló el Ecuador, de la mano de Rafael Correa.

Esa misma receta de violencia que quemó la sede de la Contraloría en Quito y que destruyó los alrededores de la plaza El Arbolito o la horda que destrozó el metro de Santiago y que incendió edificios y autobuses, en el caso de Chile, tiene a Iván Duque en la lista de gobiernos democráticos por tumbar.

Pero, en este caso, hay agravantes que son mucho más peligrosos: el narcotráfico financiador comandado por la dictadura venezolana, la fuerza terrorista de las guerrillas y paramilitares y el discurso retador de la izquierda política, encabezada por el excandidato presidencial Gustavo Petro.

Toda esta fórmula, proveniente de la más reciente reunión del Foro de Sao Paulo, celebrada en julio pasado en Caracas, parece tener el objetivo de incendiar toda la región, para revivir la llama socialista del siglo XXI, minimizar la crisis humanitaria y dictatorial chavista y propagar ese mismo sistema en el hemisferio.

Aupada por la supuesta defensa de los derechos de la ciudadanía, personajes como Petro en Colombia y Correa en Ecuador solo buscan posicionarse como ideas políticas y electorales, ante un eventual escenario sobrevenido, propiciado por ellos, que conlleve a la falta absoluta del presidente, en ambos casos.

La izquierda colombiana no busca proponer medidas que optimicen la gestión a favor de las menos favorecidos, sino solamente ganar su simpatía en el proceso de acceder al poder para instalar el socialismo.

Pasó en Venezuela con Hugo Chávez desde 1992, cuando la intentona golpista contra el expresidente Carlos Andrés Pérez lo convirtió en un héroe nacional que llegó a jefe de Estado, pero cuyas ideas comunistas lo transformaron en el gran autor de la destrucción de Venezuela.

Ocurrió en Ecuador también, con un Rafael Correa que dejó un país endeudado por ofrecer dádivas a cambio de votos y que propiciaron las medidas económicas necesarias que luego desembocaron en el mes de protestas violentas contra el presidente Lenín Moreno.

Además, Correa tiene en su contra decenas de procedimientos judiciales abiertos, el más reciente, el caso Sobornos 2012-2016 y su relación con el grupo brasileño Odebrecht, que desató su mecanismo de corrupción por casi toda Latinoamérica, incluida Colombia y el gobierno de Juan Manuel Santos.

Entonces, sí hay un brazo ejecutor tras las protestas en toda la región, que ahora está posada sobre Colombia, sobre el gobierno de Iván Duque porque el plan castro-chavista es infestar nuevamente el continente, bajo la mirada inerte de organismos internacionales y las tímidas -y hasta débiles- medidas  de las democracias por salvaguardar la libertad de los pueblos.

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