Ecuador, el país con mayor deforestación según su tamaño

En casi treinta años el área de plantaciones forestales (bosques plantados) se ha triplicado. Incluso se creó, en 2013, el Plan Nacional de Forestación y Reforestación, que incluye la siembra de árboles con fines productivos para reducir la presión sobre los bosques nativos.

Sin embargo, la tala del follaje primario no se ha detenido. En 2018  Ecuador registró 12,5 millones de hectáreas (ha) de bosque nativo, lo que demuestra una disminución constante desde la década del 90 cuando había 14,5 millones de hectáreas.

Los incendios forestales, la expansión urbana, actividades extractivas como la minería y el petróleo, sumado al avance de la frontera agropecuaria, son las causas de este indicador.

“Ecuador es el país con la mayor tasa de deforestación de Latinoamérica en comparación con su tamaño, incluso más que  Brasil”, dice la ambientalista Nathalia Bonilla.

Afirma que la expansión agrícola es uno de los mayores problemas actualmente, ya  que los lugares que antes tenían bosques nativos son deforestados para ser reemplazados por plantaciones para fines productivos de especies como la palma africana, teca y melina.

En Ecuador hay aproximadamente 180 000 ha de plantaciones forestales comerciales, es decir,  una masa aproximada de 180 millones de árboles plantados, según el Ministerio de Agricultura (MAG).

160 000 hectáreas del total se encuentran cultivadas con pino, teca, eucalipto, melina y balsa. En Cotopaxi, Los Ríos, Guayas, Pichincha y Santo Domingo de los Tsáchilas  está   el 65%  del total de estas plantaciones.

La teca, una especie introducida de Asia, es una de las más sembradas en zonas de la Costa como Guayas, Los Ríos, Santo Domingo y Esmeraldas.

Sin embargo, la melina, también del continente asiático, ha ganado terreno. La siembra de este árbol no solo la realizan pequeños y medianos agricultores, sino grandes empresas.

En cuatro provincias la Procesadora Nacional de Alimentos (Pronaca) empezó con un proyecto de siembra de árboles de melina. Según sus máximos directivos, uno de los objetivos es  reducir su huella de carbono e incursionar en la exportación de madera liviana a Europa.

En Santo Domingo de los Tsáchilas, en la parroquia Valle Hermoso, la empresa sembró este árbol en 120 ha, esta población maderera es parte de los 767 786 árboles que tienen en Bucay y Balzar (Guayas), La Maná (Cotopaxi) y Valencia (Los Ríos).

Esteban Zambrano, gerente regional, explica que los predios de Pronaca tenían espacios sin ser utilizados y debido a la emisión de gases que emanan en su producción de alimentos decidieron ejecutar un proyecto que ayude a mejorar el aire, a reducir el impacto de carbono  y a iniciar con una nueva propuesta de exportación.

“El proyecto es nuevo, diez años, en comparación con nuestra existencia como empresa, las primeras plantaciones que hicimos en Bucay nos dieron buenos resultados en temas ambientales, porque buscábamos la optimización de nuestros predios”, señala.

Según el MAG los principales servicios ambientales prestados por el bosque plantado son “el control de la erosión de los suelos, la captura de carbono, protección de cuencas hidrográficas y de la vida silvestre”.

Pero Bonilla asegura que un monocultivo de árboles no puede ser considerado bosque ya que sus propiedades ambientales son mínimas: “En monocultivos de teca hay poca o nula presencia de  animales y  no sirven para  refugio de aves. Además,  absorben grandes cantidades de agua, nutrientes y  necesitan de  agrotóxicos”, dice.

Las cifras oficiales consideraban como áreas reforestadas a este tipo de plantaciones, lo que mitigaba en algo los porcentajes de deforestación.

Bonilla asegura que esto parte de un error de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO): “Ellos consideran que un bosque es una masa de árboles con una determinada altura, lo que se llama el diámetro de altura del techo”, que permite que los monocultivos de árboles se puedan considerar áreas boscosas.

Indica que varias organizaciones ambientales internacionales han pedido a la FAO cambiar este concepto ‘errado’.

Aunque el actual ministro del Ambiente, Raúl Ledesma, asegura que en su administración el conteo de reforestación se hace “solo en áreas protegidas” y  no están contando “lo que es maderable”. Sin embargo, sostiene que los cultivos con fines productivos son necesarios.

“Hay áreas que son específicamente permitidas para maderables. Si no cultivamos para maderables, van a buscar lo maderable (en bosques nativos) y empezará un proceso de deforestación. (…) Lo que es maderable es una preocupación, pero igual son procesos de reforestación. (…) Nuestra preocupación es el fortalecimiento de áreas protegidas”, indica.

Sin embargo, Ledesma asegura que en áreas que son de explotación agrícola o acuícola, el Ministerio del Ambiente verifica que en el proceso de licenciamiento ambiental se entregue y cumpla con planes de manejo: “Hay todo tipo de verificaciones sobre qué tan amigable es (la especie maderable) al medio donde se planta”.

Bonilla y el secretario de Estado coinciden en que algunas de las campañas de reforestación que se han realizado en el país no han logrado el éxito ambiental esperado.

“Varias se han hecho con pino y eucalipto (especies foráneas) y eso perjudica al medioambiente. Ecuador no ha hecho investigación de árboles nativos para cumplir con una adecuada restauración de los ecosistemas”, dice Bonilla.

Por su parte, Ledesma indica que trabajarán con los municipios para que valoren las especies nativas de sus territorios: “No tiene sentido sembrar especies estéticas, no se contribuye al medioambiente”.

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